Grand Theft Artsy

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Con un hype del tamaño de Mothra, Drive (El Escape, WTF?) llega a México tres días antes de su salida en formatos de entretenimiento casero. Pfff!

En realidad no había querido leer reseñas antes de ver la película, así que me mantuve al margen. Pude ver algunos comentarios o encabezados en diversos sitios que la calificaban como 'una película de acción dirigida por David Lynch'. Con esas apreciaciones, cualquiera querría ponerle los ojos encima.

A diferencia de lo que me pasó con Underworld 4, la proyección en Cinemex WTC fue un insulto a la película y el público. A pesar de ello, la película es una belleza.

Cualquiera que esté familiarizado con el trabajo de Michael Mann (Heat, Collateral) notará que el director, Nicolas Winding Refn hizo un homenaje al Los Ángeles que Mann tanto retrata. La personalidad de la ciudad es la personalidad de la película. Un poco de Miami Vice, un poco de Grand Theft Auto y un poco de la misma Collateral.

Ryan Gosling hace un papel que no requiere mucho esfuerzo pero, gracias a su carisma, es memorable. Su personaje no tiene nombre, es simplemente un piloto que trabaja como doble en películas de acción y se alquila como chofer de escape para trabajos de malvivientes. Su vecina es Irene, interpretada por Carey Mulligan y su carita de inocencia, lo que nos hace amarla apenas la cámara pone la lente en ella. Irene tiene un hijo y su esposo está en prisión. El conductor y ella inician una relación de amistad/tensión sexual, y las cosas parecen 'jijijí' hasta que Standard (Oscar Isaac), el marido, retorna de su encierro.

El conductor de Gosling es un tipo de pocas palabras. Muy pocas. A veces ni siquiera responde a las preguntas. Pero se nota detrás de su rostro parco que es un buen tipo. Claro, eso es hasta que Standard es amenazado por la mafia y el conductor intenta ayudarlo para evitar que Irene y su hijo sufran las consecuencias.

Aquí, después de que nos han hecho simpatizar con el héroe, es cuando vemos su lado oscuro. Y Nicolas Winding no tiene recato cuando se trata de mostrar violencia, como pudieron verlo en su anterior Valhalla Rising. Todas las muertes son gráficas, estilizadas y sorprendentes. Cuando llegan la película pisa el acelerador y vemos al personaje de Gosling como un tipo despiadado.

El cine gringo nos ha acostumbrado a un tipo de acción Michaelbayesca, en la que todo es frenético y no hay manera de comprender lo que realmente está pasando. Pero antes, las películas de balazos eran mucho más pausadas. Había más dedicación hacia los personajes, como en 48 Horas, Hard Boiled o Die Hard. Esta es una cinta con ese espíritu. Tal vez mucho más pasiva y enfocada en la estética que muchas otras cosas que hayamos visto. Mucho más cerca del cine negro que del bang, bang, bang, swoosh del Hollywood reciente.

Y el soundtrack, cargado de synthpop a la Giorgio Moroder, le da la atmsófera GTA que la ha hecho tan popular entre los seguidores del juego. Es suficiente con mirar la secuencia de créditos para comprender el tono de Drive: un homenaje a la saturación de luces durante las noches, los caminos llenos de curvas, el crimen y la constante necesidad de andar en auto.

Espero volver a verla con un sonido decente, porque estoy seguro de que juega un papel muy importante —eso no pasa con Woody Allen—. Lo merece.

Get away from her, you dog!

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Cuando apareció el avance de la primera Underworld asumí que mi sueño se había hecho realidad: una película de vampiros versus licántropos. Tuve que comprar el DVD para poder verla porque tardó mucho tiempo en llegar a las carteleras mexicanas. Cuando la pude ver por fin, me pareció de lo más aburrida. Len Wiseman, el director, hizo una película cargada de diálogo existencial, con acción mediocre, uno que otro efecto especial interesante y muy pocos vampiros. Eso sí, una Kate Beckinsale hermosa.

Y exactamente lo mismo han sido las dos secuelas. He visto cada una de ellas, más por mi amor por ambos géneros de monstruo y el eye candy aportado por Beckinsale, que por lo divertidas que puedan ser las películas en sí. No me ocurrió lo mismo con la más nueva: Underworld Awakening.

Ahora, antes de hablar de la película en sí, debo admitir que la proyección tuvo un gran impacto en lo mucho que la disfruté. Acudí a Cinépolis Diana, que al parecer ha cambiado sus proyectores, porque la imagen en 3D es absolutamente cristalina. No me dejaba tan impactado una proyección desde que vi Scott Pilgrim Vs The World en los AMC de la 42 en Nueva York. De hecho, antes de iniciar la película, salí a pedir que le subieran un poco al audio porque se escuchaba muy bajito durante los trailers. Lo hicieron en menos de dos minutos. Kudos.

Gracias al detalle de la imagen, pude ver Underworld Awakening como fue pensada. Esta es una película fotografiada de una manera increíble. El uso del 3D es ingenioso, desde las secuencias acuáticas en las que las balas penetran en slo–mo, hasta una persecución en la que los lycans amenazan a los pasajeros de una camioneta.

El dúo de directores conformado por Mans Marlind y Björn Stein consiguen, a diferencia de Wiseman, que la acción sea perfecta, legible e ingeniosa. Los poderes vampíricos de Selene sí entran en juego durante las secuencias de batalla. Esta es una película de acción/gore que explota todo lo que se puede a pesar de que probablemente ya estemos cansados de esta franquicia —como en mi caso—.

La trama es, obviamente, un pretexto insulso para la acción: la humanidad conoce la existencia de lycans y vampiros. Los extermina, aunque quedan algunos rebeldes. Durante La Purga —como se le conoce al exterminio— Selene y su amante híbrido son atacados y llevados a un laboratorio. Después de 12 años, la Death Dealer despierta para encontrar un mundo distinto al que conoció, con células de ambos bandos luchando por la supervivencia. Durante su escape del laboratorio, Selene descubre que los licántropos planean un retorno como la especie dominante, junto con otra sorpresa que es la razón principal para que, seguramente, haya una nueva trilogía de Underworld.

Yo opino: si las próximas serán iguales a esta, por mí que hagan una docena.

Siempre sentí que esta serie era un poco menospreciada por el estudio, pero es muy probable que la incapacidad de Len Wiseman para fabricar una película un poco más ambiciosa haya sido la causa de lo mediocres que son la primera y la tercera. La segunda tiene varios momentos entretenidos, pero esta tiene mucho más 'alma'. Por ponerlo de alguna manera.

Definitivamente recomiendo verla en un cine decente. Estoy seguro de que eso magnifica la emoción.

Behind The Wheel… NOT!

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No odio conducir. Simplemente, a diferencia de lo que opina el resto de la sociedad, me parece incómodo. :O

Realmente no he necesitado un auto para vivir. Me gusta mucho caminar, me encuentro en una colonia que tiene la mayoría de los servicios que requiero al alcance de mis pasos y, principalmente, evito esas situaciones que los conductores menosprecian en comparación con las ventajas de colocarse en el asiento del piloto. Para mí no es así.

Por ejemplo:

1. Llegar tarde a la película/cita/obra de teatro/oficina por no encontrar sitio para estacionarse.
2. Lidiar con Valet Parkings, vienevienes y vehículos de terceros que pueden golpear tu auto mientras está estacionado.
3. Agencias que te piden el Arca de la Alianza a cambio del mantenimiento.
4. Mecánicos abusivos que, a veces, magnifican los problemas.
5. La manera de conducir en las ciudades mexicanas: defensiva y abusiva.
6. La posibilidad de que el auto te deje tirado —me aterra—, que a veces es consecuencia del punto 4, y a veces de la propia negligencia.
7. El tráfico. En el transporte puedes leer, escribir, mensajear o desconectarte con los audífonos.
8. El estrés.
9. La posibilidad de robo del vehículo.
10. Los pagos idiotas al gobierno.

No pretendo evangelizar con aquello de que 'caminar/andar en bici es mejor'. Pero la alfombra de autos en la Ciudad de México, aunada a las marchas, obras, imprudencia, agresividad, falta de compromiso cívico y demás factores, me parecen una plaga.

Es probable que yo gaste mucho más dinero en transporte público del que podría 'invertir' en un crédito, gasolina y estacionamiento. Pero mi filosofía es: Compro mi tranquilidad.

Rara vez veo conductores con una sonrisa en la cara en horas pico. No me agrada la idea de ser uno de ellos.

Los sueños ajenos

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"El alma, sin el cuerpo, juega" (Petronio)

Instalé Netflix en mi PS3 porque traía un icono GIGANTE y una promoción de 1 mes gratis. En términos generales, la selección de películas me pareció apestosa, la interfaz es horrible, la calidad de reproducción muy cuestionable, pero… pero… PERO: me encontré con una peliculilla que quería ver desde hace tiempo y que por paria y holgazán no había visto. Me refiero a Paprika (2006) de Satoshi Kon, el mismo de Perfect Blue (1997) y Tokyo Godfathers (2003). Según he leído, está basada en la novela homónima de Yasutaka Tsutsui de 1993, y supone una influencia grande a la manufactura de Inception (2010) de Chris Nolan. Parte del gremio geek se rasgó las vestiduras en su momento al argumentar un supuesto plagio de Nolan a la cinta de Kon-san, cosa que Nolan desmintió hábilmente al citar a Paprika como una "influencia". Lo clásico. ¿Es un poco tonto andar buscando escandalitos a la Kimba, the White Lion en las películas de Hollywood, no? Es como esa otra estéril teoría de la conspiración (favorita del geekismo), la controversia Harry Potter vs The Books of Magic de Neil Gaiman. Bah.

Por cierto, los creadores del cómic japonés Bloody Monday hicieron una bonita versión del póster de Inception pero con los personajes de su propio manga. Cosa linda de la que me enteré, también, gracias a Paprika. Acá el link.

En Paprika, la cosa gira en torno a una invención: el DC Mini, máquina que da el acceso a los sueños ajenos (de una manera que se siente física, como "estar ahí") con fines terapéuticos y que, además, graba y te pone en un vulgar player a la Windows Media, todo lo que el soñador soñó. Lo último no tiene mucha gracia, y funciona más como un instrumento narrativo del filme que otra cosa. El DC Mini es un gadget experimental (desarrollado por un geniecito de un hospital), por lo que no debe tomarse a la ligera, pero evidentemente alguien lo hace y provoca el caos. Vemos los sueños de los personajes de la cinta: un policía con una carrera frustrada como cineasta, el propio inventor y los médicos miembros del proyecto. Los sueños se estrelazan, alguien parece sabotear el experimento y una terapeuta, bajo el avatar de nombre "Paprika" –manga y cumshotera a más no poder–, salta entre episodios oníricos, con ayuda del policía, para hallar al responsable del sabotaje. El sabotaje consiste, básicamente, en entrometerse en el sueño de alguien más, y robarle su sanidad mental. Lo cual no es tan tonto como podría sonar: dentro de su aparente locura, los sueños son el sitio donde mejor descansamos, nuestro cerebro se "regenera" y nuestra memoria se deshace de lo que no necesita. Esto no ha sido enteramente comprobado por la ciencia, pero creo que es sano y salvo decir que nuestras mentes necesitan del demente teatro onírico para sobrevivir a la realidad. Así es que robarle el sueño a alguien es cosa más delicada de lo que parece. Y mezclar los sueños con la realidad, con la vigilia, tampoco es deseable, como entendemos a medida que avanza Paprika, con lujo de imaginería surreal…

El manga es inagotable, ¿cierto? Es tan vasto y complejo, y tiene una audiencia tan dedicada, que es como un microuniverso donde uno puede perder varias vidas nadando en sus aguas. Me pregunto qué diría Borges hoy del manga luego de ver en qué se convirtió el manga, claro –pues el tipo lo conoció, seguro. Pienso que Borges, el gran lector de las sagas escandinavas, del viking, de las literaturas fantásticas, del sueño como forma narrativa ("zona de sombras", le llamaba al sueño), habría amado Paprika. La imagen más obvia, pero también más bella (cosa que queda clara con los segundos finales), es la del policía, un cineasta frustrado, frente a la marquesina. Porque el cine es sueño, ¿no? Quizá por eso lo amamos tanto. Ver cine es como soñar despiertos. Sí señor.