Las brujas

Witches_2006macbeth

Encantadoras las claves para distinguir a una bruja según el estoico Roald Dahl en su libro The Witches: de entrada, estas mujeres infernales viven ocultas en nuestra sociedad. Son calvas pero usan pelucas, lo que les causa horribles comezones. Sus manos son coronadas por garras puntiagudas, por lo que usan guantes para esconderlas. Sus pies son cuadrados y no poseen dedos --por eso una bruja no usa "zapatos bonitos". Su saliva es azul, y las pupilas en sus ojos cambian de color caprichosamente. Por supuesto, emplean la magia, pero con un fin perverso: para deshacerse de los niños. La razón de su odio contra los infantes, quizá, es que no toleran el olor que éstos despiden. Las brujas del libro de Dahl no son amables: quieren matar a todos los niños del mundo. El método podrá parecer estúpido (convertirlos en ratones para que así alguien más se los despache), pero no hay que olvidar que la intención de Dahl era hacer un libro para niños. Un libro para niños en donde el tema es brujas que matan niños. Dahl era un cabrón redondito.

(La versión cinematográfica de The Witches fue powereada por el taller de Jim Henson y Anjelica Huston como la bruja mayor de Inglaterra. Es una buena versión, en verdad. Véanla.)

Muy chamaco, en los ochenta, me obsesionaba la lectura de un artículo de la revista Geografía Universal dedicado a las brujas. Recuerdo que iniciaba con un diálogo ficticio entre una supuesta bruja y su duro juez en la onda Salem, Estados Unidos, siglo XVII. Básicamente, el texto hablaba de cómo algunas mujeres de avanzada de la época, mujeres poco comprendidas por los hombres, acababan como chivos expiatorios en la hoguera por desafiar el statu quo. El detalle grotesco era el siguiente: si alguna tenía un lunar, éste era determinado por los jueces como un diaboli stigmata o marca del diablo. ¡La bruja había copulado con el demonio en un aquelarre! Después de muchas horas o días de tortura, por supuesto, cualquier mujer terminaba confesando su afiliación con el diablo. Los juicios de Salem en realidad duraron sólo un año y no sólo brujas fueron condenadas a muerte; también había hombres entre los consignados. La paranoia de una sociedad puritana que entró en pánico: así podemos resumir las estupideces acontecidas hace más de 300 años en Salem. National Geographic tiene un viejo interactivo dedicado al respecto, y cientos de libros se han escrito tratando de explicar lo que sucedió ahí. Ahora, nuestra mentalidad contemporánea intenta trazar un dibujo más políticamente correcto de la brujería como un "modo alternativo de vida". De hecho, una exposición en el Salem Witch Museum se dedica sólo a darle una dosis de "realidad" a nuestra burda idea de la bruja como esa cosa narigona, perversa, con sombrero picudo y escoba para volar.

Un momento. Yo no quiero esa versión ultrapasteurizada de las brujas. Yo no quiero que me digan que las brujas son mujeres que aman a la naturaleza y procuran el bienestar holístico, como si se tratara de una mamona disciplina new age o una variación de la acupuntura. Seguro: existe la noción de la bruja bondadosa (Wanda Maximoff en sus humildes orígenes con los Avengers) y la bruja perversa (Emma Frost en sus humildes orígenes con el Hellfire Club), del mismo modo que existe la bruja como la madre universal o como la madre mala. Aquellos lectorcitos que hayan pasado por el Spam Campbell®, adivinarán que el poder de las brujas radica en la paradoja de la creación: la mujer, dadora de vida, poseedora del vientre bendito, la world creatix, es dueña también la fuerza destructora y "maligna" que da y quita. La bruja es una fuerza que contiene por igual eros thanatos. Cualquiera que haya estado enamorado de una mujer lo sabe; la belleza puede ser algo terrible. La belleza de una mujer eleva pero también enloquece. La canción "Exit" de U2 lo resume así: "The hands that build/Can also pull down/Even the hands of love".

Sin ánimo misógino, la verdad es que las brujas rockean mucho más que los brujos (un brujo connota a un médico tribal; una bruja, a una fuerza cósmica que evoca a la magia). Y ya establecido que "bruja" no es sinónimo exclusivo de "hijadeputa", hay que decir (o contradecir) que no es ninguna sorpresa que los retratos malignos de las brujas sean mucho más poderosos que los bondadosos. Todos recordamos a las brujas feas, culeras, viles y sanguinarias. Están aquellas grayas que viven en una cueva terrible y se turnan un ojo para ver, y que le revelan a Perseo la única forma en la que puede deshacerse del Kraken en la Furia de titanes de 1981. Y están las tres brujas shakespereanas que le dicen a Macbeth que él será el rey de Escocia en un pasaje favorito del Bardo Inmortal:

Double, double toil and trouble;
Fire burn and cauldron bubble.

By the pricking of my thumbs,
Something wicked this way comes.

Las maquinaciones de una bruja. De una mujer que sabe más que un hombre. A eso sabe la vida. A hombres inexpertos enfrentándose a mujeres más aptas e inteligentes que ellos. Macbeth es una cosa hermosa por eso.

Más recientemente, mi bruja favorita ha sido la mamá falsa de Coraline. He visto una docena de veces el filme con mi hija y he armado muchas interpretaciones sobre lo que sucede en pantalla (una de las más nuevas es de origen "inceptionesco"). Ninguna otra película obsesiona tanto a mi hija como Coraline, y creo que es por sus efectos freudianos sobre ella. 

En Coraline, la madre falsa tiene ojos de botón, y en su forma horrible de bruja-araña representa a la propia madre enojada y regañona. Piensen esto: nuestro camino en este mundo implica separarnos de nuestras madres y añorar el seno materno que alguna vez nos dio protección y alimento (me vale pito que hayan tomado leche de fórmula, la metáfora funciona). Para la psique de un niño --que es una personilla aún cerca de su progenitora--, el enojo de la madre equivale a perder esa proximidad, y quizá más que eso: es una pequeña tragedia griega que se repite a diario en las casas de niños preescolares haciendo berrinche. Así pues, la madre falsa de Coraline Jones es una bruja potente que representa el peligro de perder para siempre a nuestra propia madre.

La madre buena, sin embargo, es rutinaria y aburrida y, a su modo, gruñona y malencarada. Una de las cosas que amo de Coraline es que nos dice que "los sueños pueden ser peligrosos", pero también nos susurra al oído que vale la pena correr ese peligro con tal de saborear la aventura. Amén.

Un beso cariñoso para todas las hermosas brujas que en estos días bailarán ebrias a la luz de la Luna y fornicarán con Satanás. Se lo merecen, chicas. Han trabajado muy duro todo el año.

"Something wicked this way comes".

Los zombis no corren

Zombiland

Diosito, en su infinita sabiduría, no le dio alas a los alacranes (¡ningún arácnido vuela!) ni permitió que los zombis corrieran. Por lo segundo, la explicación es bastante simple: si bien persiste la masa muscular, la coordinación motriz del zombi es tan reducida que es incapaz de llevar a cabo tareas como a) subir las escaleras, b) saltar, c) nadar, d) correr de una manera sostenida y enfocada en un objetivo. Max Brooks en su legendario libro The Zombie Survival Guide: Complete Protection From the Living Dead dice que al parecer "los zombis son incapaces de correr. Los más rápidos que se han observado se mueven a un rango de 1 paso por 1.5 segundos". Sin embargo, Brooks hace la aclaración pertinente, y vaya que es cosa que debemos tomar en cuenta si queremos sobrevivir al inevitable holocausto zombi: "La ventaja de los muertos sobre los vivos es que son infatigables".

Los "zombis" en 28 Days Later en realidad son tipos infectados. Están vivos, lo único que tienen es que están enfermos. Ejem, MUY enfermos. Los zombis en Zombieland (que apenas vi este fin de semana en glorioso devedé r4) rompen por completo con el cánon. Tienen coordinación motriz fina (abren puertas, por ejemplo), saltan encima de sus presas, corren como maniáticos... el resultado es encabronadamente divertido, como el gordito de la foto siendo perseguido por una stripper zombi que en vida se caía de buena. El recurso comédico funciona, pero yo soy una persona de principios y a mí mis zombis me gustan lentos y sin ir a las carreras.

El zombi clásico de Resident Evil es suficiente para erizarme los pelos, y creo que a ustedes también: piensen en un sujeto semipodrido con las ropas roídas gimiendo en un callejón oscuro y les garantizo que se harán de la popis en menos de lo que puedan decir "staaaaaaaaaaaars". Ya ya, las baratijas pedorras como el Némesis con su lanzacohetes, los lickers y esos imbéciles zombis cararroja del remake del primer RE para el GameCube son, de nuevo, buenos recursos para entretenerse, pero NO son el maldito cánon. Que los zombis corran me parece mamón e innecesario. Sin embargo, hay que admitir que una película como Zombieland funciona mejor con zombis correlones y, bueh, quién soy yo para decir que no se rompan las reglas de vez en cuando. Y sin hacer sesudas críticas sociales, joder. Comparto mucho este post porque me interesan los zombis que se comen a la gente, no los que simbolizan a la gente alienada y por eso se comen a la gente. Bah.

Dicho lo anterior, además de considerarme un hombre de principios, soy un hombre que gusta de los contrastes (y las caritas cumshoteras). Lo que voy a decir es uno de esos contrastes disfrutables en la vida: ir en un vuelo junto a una dama cumshotera, de esas que usan anteojos Cartier y bolsas Burberry, y responder a la inevitable pregunta de "¿qué lees?" y voltear y responder "una guía de supervivencia en caso de holocausto zombi" es un gran momento, un momento iluminado. Lo más probable es que la jeva te vea compasivamente y a sus ojos te hayas convertido en un adolescente obeso con acné y que perderá la virginidad a los 43. Si tiene sentido del humor, te hará más preguntas. Una de ellas, claro, ser á "pero los zombis corren, ¿no?" --- "No no, diosito, en su infinita sabiduría, no le dio alas a los alacranes ni permitió que los zombis corrieran". --- "Pero hay una película en la que sale el tipín este wapo..." --- "¿Cillian Murphy?" --- "¡Sí, sí, ese!" --- "Ah, esa es 28 Days Later de Danny Boyle, y son son zombis, en realidad son tipos infectados..."

Y así uno empieza hablando de zombis y termina hablando de caritas cumshoteras. Mis mejores deseos para que la próxima vez que viajen en avión, autobús, trolebús, metrobús, metro, tren ligero, taxi pirata compartido, panga o ferry con paisaje canadiense de fondo, y se encuentren con una carita cumshotera, la conversación fluya. Me gustan las caritas cumshoteras. Me importa un pito si usan o no Cartier o Burberry, si son fresas o papayas (o simple mermelada), azules o rojas, Covenant o Spartans. A mí me basta con que sean un poco nerdáceas. Sí.

Bienvenidos al segundomundo

Labanda

Pues como no he vivido en ningún país del tercer mundo no les puedo decir cómo es. Lo que sí estoy segura es que México es el segundomundo y es así por la simple razón de que los mexicanos queremos que sea. Obviamente no trato de encontrarle el hilo negro a todo este embrollo, ni tampoco quiero resolver el país que 100 millones de personas hemos hecho como es. La única finalidad de esto es manifestar mi descontento con lo que viví el sábado por la tarde/noche en la mediocridad esa cuyo nombre fue Festival Corona Capital. Trataré de resumirlo en cinco sencillos puntos:


1. ¿Por qué chingados los organizadores, OCESA, hacen un festival para 60 mil personas y les vende boletos a 80 mil (cifra "oficial")? Creo que simplemente todo en la Curva 4 del Autódromo Hermanos Rodríguez, estaba calculado para las 60 mil personas que originalmente se habían contemplado: el número de baños, la cantidad de stands de comida, las cervezas que llevaron, vaya, ¡¡¡el maldito espacio!!! Era casi imposible llegar de un lugar a otro, hacer 20 minutos de fila para entrar a un sanirent es inhumano, peor aún las filas de 45 minutos para comprar una sopa Maruchan. Patético.

2. El cartel. Es increíble que incluyan a grupos como Interpol que hemos visto, al menos, tres veces. ¿Por qué no presentar una banda que no hemos visto en México como Queens of the Stone Edge? Pixies y James estaban bien, pero ¿y qué más? ¿La hueva de Echo & the Bunnymen? No me parece suficiente justificación para sobrevalorar un festival de esa manera y mucho menos para sobrevenderlo así.

3. Creo que como público no estamos listos para comportarnos a la altura de los festivales del primer mundo. Señores orinando en cualquier lugar, aventándose como si no hubiera nadie en su camino y tirando la basura en donde fuera. ¿Dónde quedó nuestra cultura del reciclaje y el cuidado del planeta? La tal escultura esa de vasos reciclados a las 9 de la noche no estaba ni a la mitad. La neta nos vale madres cuando estamos en el desmadre.

4. El sonido fue fatal. No sé ustedes pero yo no vi ni un solo grupo cuyo sonido fuera impecable. Ni Interpol, ni James, ni Pixies... menos Regina Spektor, bueno a Foals ni me acerco. La neta mejor pongo cualquier disco de los grupos antes mencionados en mi casa y se escucharía mejor. Si únicamente la gente que está hasta enfrente es la que escucha bien, ¿para qué convocar a 50 mil personas más?, ¿para que platiquen?, ¿para que tomen cerveza en el festival patrocinado por chelas y que se terminan a las 8 de la noche?

5. Perdón mi amargura pero estoy harta de presenciar espectáculos a medias y recibir servicios pésimos cuando me los cobran como si fueran perfectos. En ningún festival a los que he ido en otros países me quedo sin servicio de celular, ningún show que he visto fuera de México se escucha como el Palacio de los Deportes o el Salón 21. ¿Que no OCESA se dedica a eso? ¿No tienen más de 20 años de experiencia haciendo conciertos? Entonces, ¿por qué traer a Regina Spektor para que la vean 80 mil personas siendo que su show no es para más de 5 mil? Ni hablar de grupos que cancelan, como Metric, y no reemplazan si se supone que estaban incluidos en el precio del boleto.

Finalmente mi conclusión es que nosotros tenemos la culpa de lo que sucede por seguir aceptando pagar miles de pesos por un festival mediocre, por un servicio como Telcel que carece de señal cuando hay más de 2 mil personas concentradas en un mismo lugar, por ir a un sitio en donde no hay suficiente estacionamiento para todos los asistentes, mucho menos transporte público para que lleguen. No sé ustedes pero yo estoy hasta la madre de ver a los mismos grupos una y otra vez y de acudir a sitios en donde la logística es pésima, como el festival Goliath del año pasado, el MX Beat que sólo vende los boletos a los suscriptores de su newsletter que son fumadores y están en lugares casi imposibles de acudir. En realidad no sé si la solución sea no ir más a conciertos, o presentar mi queja con los organizadores, pero por lo pronto me queda claro que tendremos festivales del primer mundo, cuando dejemos de ser del segundomundo al que ahora pertenecemos. Qué pinche.

Postdata: Mi mensaje para OCESA es el siguiente: "si quieren hacer un puto Coachella, sigan practicando porque con poner una alberca y decir que es una estúpida playa no lo lograran ni hoy ni en diez mil años. Tengan un poco de feeling y consideración para la gente que los mantiene. Idiotas.".

Gracias, Pixies

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(La foto es de @lausaysmeow.)

Nunca fui muy fan, como hoy lo atestiguó André (el cabrón cantó todas las putas canciones), y mi memoria cada vez está peor: me acordé de la mitad de las rolas, pero como me ha pasado con Pixies y otras sesenta bandas, ya no me acuerdo de las letras. Pus ya ni modo. ⁋ Mi memoria es un asco. Está casi tan culera como la organización pitera del Coroña Capital, el único festival de "rock" (¿James e Interpol son rock?) patrocinado por una cervecera donde se acaba la cerveza. Eso, claro, si logras alcanzar una cerveza --no había dudes con charola vendiendo, tenías que putearte con otros cien gueyes sedientos y rogarle a la ñora o el don que las servía para que te tocara una. ⁋ Pero ahí estuvimos, retacados de arrimones y duderinos fresas bañados en agua de riñón (mala onda). Pixies tocan con unos huevos gigantescos. Hacen un ruido muy particular, muy ponchado, muy pulido. Black Francis y Kim Deal son unos músicos muy cabrones --y echan su desmadre sabroso. Pixies es una cosa como punk alternaquita roqueril, pero no olvidan ese esencial ingrediente de las grandes artes: tienen humor. Después de ver a Interpol en su horrible pose emo, casi sin interactuar con el público y lanzando débiles acordes, deprimentes y repetitivos, Pixies supo a gloria. Divertidos, poderosos, veloces. "Isla de Encanta" sonó pocamadre. ⁋ Durante el takeshi post-concierto le dije a André: este pinche viejo pelón y panzón y esta ñora de carnes generosas pero voz de Sanrio hacen lo mismo que hace 20 años: un ruido increíble. Se divierten haciendo lo que les gusta hacer, que es tocar música. Maman su estilo, maman sus géneros, maman sus líneas temáticas. Y tocan. Yo pensé que últimamente no me divierto con mis ocupaciones diarias. Ya saben, el viejo gag de trabajar y ser responsable. Y también pensé que cada vez escribo menos. Si me comparo con el Ruys de 1993, bueh, es un bodrio el nivel de mi producción semanal. Escribir representa un porcentaje gigante de la felicidad en mi vida, así es que es obvio deducir porque últimamente no me divierto tanto y, creo, no soy tan feliz. El amor al arte sí paga. Con puras monedas de felicidad, pero paga. Pixies me recordó eso hoy. Tengo que escribir más. Si no, ¿cuál es el chiste de todo este pedo? Es más que una crisis ocupacional. Es la maldita verdad de la vida. ⁋ Una jeva (de esas que por el Gtalk te mandan rolas de Frank Black en Grooveshark) anoche debió bailar y brincar y ser encabronadamente feliz con Pixies. Espero que así haya sido, preciosa.

Could find my way to Mariana...