Entregar el fuego a los mortales

Es posible que Aliens sea la favorita de la saga para muchos fans, pero la original Alien, de Ridley Scott, es superior por mucho. Podrá no ser tan rápida, pero la atmósfera y la elegancia con la que fue dirigida la colocan en una posición única. No hay más películas como Alien.

Ahora que Scott ha decidido revisitar el universo que le diera luz verde a su carrera, sus seguidores esperamos demasiado. El primer avance de Prometheus ha sido de los pocos vistazos que me han dejado palpitando aceleradamente. El fan service —el nombre de la cinta apareciendo gradualmente igual que en Alien, o el Space Jockey en acción— en el trailer es desquiciante. El fanboy que levo dentro quiere saber si la película llevará un ritmo y suspenso similares a los de su predecesora o será un espectáculo vertiginoso como Gladiador. El director sabe bien usar la tecnología y no se deja llevar por la tentación de arrojar efectos especiales a la audiencia nada más porque sí. Pero, si hace una cinta de suspenso con ínfulas setenteras, el estudio no estará muy contento. Hoy en día las películas ambiciosas de sci–fi deben tener golpizas inentendibles al por mayor. Darle varo a Scott para regresar a la narrativa de Alien no parece ser el camino que los estudios buscan en esta era.

Como sea, y por lo que se puede ver en el trailer, habrá paisajes impactantes y mucha tensión. Tal vez facehuggers o algo que se le parezca. Los abuelos de los facehuggers. Puedo asegurar que Scott no nos aplicará un 'son midiclorianos', y respetará la mitología que él mismo fundó. Sus quejas de "He visto al xenomorph en Disney" me tranqulizan.

He repetido el trailer de Prometheus —supongo que así se llama la nave en la que viajan Noomi Rapace y Charlize Theron, que gritarán en el espacio a oídos sordos— al menos una vez diaria desde que salió, en un intento por digerir todo lo que nos muestra. Es un momento emocionante, indeed.

Jack y Finn vs el mundo

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Siempre he envidiado a los duderinos con habilidades para dibujar (aunque me gusta dibujar, y lo hago seguido, aunque ud no lo imagine), y más aquellos que tienen el "control" de su obra a la Robert Rodriguez –lo último es especulación: vayan ustedes a saber cuántos artistas robertrodrigueciles no serán en realidad presa de los berrinches de los ejecutivos mirrreyes de la industria del entretenimiento). Pendleton Ward, nerd espectacular, es el cabroncito que formuló la serie animada más memorable de los últimos años, Hora de aventura (que ya se transmite en México desde hace algunos meses por Cartoon Network). Él escribe, dibuja, anima, etc. Hoy Julia chan y yo vimos el episodio de la bruja calva que insta a Finn el Humano para que le consiga pelo de princesa o de lo contrario succionará por el ano a Jake el Perro, su fiel comparsa. Olvídense del humor bobalicón de Shrek, triplemente mongolizado por el doblaje nacional: Hora de aventura es la popó real. Los guionistas, espíritus libres que deben de pachequear a la mínima provocación, roban referencias de El Amadís de Gaula, Los Simpson, South Park, El Señor de los Anillos, el juego de mesa Dungeons & Dragons, cine de los hermanos Farrelly, cine de los hermanos Marx, Star Wars, Harry Potter y lo que se vaya acumulando. Es un reverendo desmadre que tiene su lógica en las pendejadas hilarantes que suceden en los episodios. Es casi dadaísta. Una princesa está hecha de grumos. Otra padece vigorexia. Otra tiene pelo de goma de mascar. El doblaje, en este caso, me parece adapta y "nopaliza" correctamente tanto las voces originales como las intenciones del sentido del humor. La expresión naca del doblaje, como el "James-me-me-mes" de Pokémon hace una década, acá es "qué pashú" –ejecutada cuando reciben una llamada al celular (Jake el Perro a veces sale con un horrible teléfono clamshell), o solo están frente a una situación que amerita ser meditada. Lo verdaderamente cabrón de Hora de aventura es que es una serie de Cartoon Network (Ward se la ofreció a Nickelodeon dos veces pero fue rechazado), dirigida a un público infantil y pre-teen. Acá no existen las libertades de lenguaje de South Park o la crítica social-política de Los Simpson. No, este es un show para niños. Lo cual es DIFÍCIL. Como decía en mi comentario de Tintin, es puro humor infantil sobre un chico y su perro. Nomás que este sí tiene colesterol.

En la foto, una ilustración de Pendleton Ward, robada de su cuenta de Twitter.

Amé Tintín

Tintin

A ratos Tintín me abrumaba con todo el expertise en cine de acción a la Indy Jones de Steven Spielberg al servicio de una historieta de aventuras que sucede en la legión extranjera. Ya he manifestado antes mi fervor por el cómic de aventuras, aquel hijo bastardo-secuencial de las novelas de Salgari: Mandrake, El Fantasma, Capitán Misterio. Tierras exóticas, mujeres hermosas, villanos adorablemente acartonados. Tintín es todo esto, pero en versión naif, sin chichonas ni gore, solo un chico sano y su perro resolviendo misterios en medio del ocasional humor de pastelazo. Pero Spielberg lleva esos inocentes cuadros comiqueros de periódico a un nivel desquiciante, muy por arriba de lo que logró con su peor película desde Hook, la cuarta parte de Indy Jones. Debo decir que mi hija no quería ver Tintín –le parecía una película para niños, no para niñas–, pero la vi interesarse en los primeros 15 minutos y en cierto momento se volteó y me confesó: "Esto está muy divertido" (Y yo pensé: "Hija mía: Peter Jackson y Steven Spielberg metieron sus manos en esto. DEBE DE ESTAR DIVERTIDA"). Se trata del primer filme animado de Spielberg; con más precisión, es una mezcla de live-action con el motion-capture cuasipatentado por Zemeckis. Los personajes son realistas pero no el sentido freaky de aquel largometraje de Final Fantasy, sino expresivos y entrañables, como deben ser los buenos personajes de caricatura. La libertad en los movimientos de cámara es evidente, y brutal. Y la persecución en Bagghar, en medio de la presa rota por la estupidez de Haddock, te deja literalmente idiotizado. Tiene toneladas de acción, un gran ritmo, una edición veloz pero no mongólicamente rápida (e ineficiente) como la de las cintas de Bruckheimer, y sobre todo humor. El buen y sano humor de Tintín, muy slapstick a ratos –como en la hilarante secuencia del aterrizaje en el Sahara–, es increíblemente divertido.

Steven Spielberg ha descubierto lo que puede hacer con el cine animado. Qué bendición.