Los gringos siempre salvan al mundo en las películas, ahora es el turno de los mexicanos. Debo admitir que la idea de No es Otra Tonta Película Mexicana es muy tentadora y, de ser bien ejecutada, podría dar origen a una increíble comedia. Ese no es el caso de Salvando al Soldado Pérez.
No había visto ninguna de las películas de Lemon Films completa. No vi
KM31, no vi
Matando Cabos y no vi
Reservoir Tony Daltons.
La idea me parece maravillosa. No bromeo. Un narco mexicano deja al ejército gringo y a todo Irak como unos pendejos. Cuando vi el trailer me llamó la atención y tuve genuinas ganas de verla. Pero el resultado final es una cosa tan abominable que únicamente puedo decir: he ahí otra oportunidad desperdiciada.
Tiene miles de problemas, comenzando por Miguel Rodarte. A mí el tipo me cae bien por alguna extraña razón. No lo conozco en persona y tampoco le he visto demasiadas películas, pero tiene aura de buena gente. Es justamente por eso que es pésima elección como el Meganarco que todo México teme. Su personaje, Julián Pérez, carece de personalidad. Y para arruinarlo más, carece de un
background que nos haga sentir lo hijo de perra que es. Porque la idea es que el hombre ascendió en el poder de la droga y se convirtió en überhijueputa. Pero
a) ni el guión permite que lo creamos y
b) él tampoco. Es demasiado bonachón y le falta toda la intensidad del mundo. Ojo: ya sé que esto es una comedia, pero es necesario que la presencia de Julián Pérez en pantalla emane esa capacidad de violencia y misericordia que un personaje así requiere, como DeNiro en
Analyze This. Es un papel que pudo dar demasiado, y aquí es menos que unidimensional. Es horrible.
Como era de esperarse a raíz del trailer, hay un tono mexicanesco–spaguetiwesternesco que jamás cuaja. Hay hasta homenajes a Sergio Leone en secuencias de flashback en las que pretenden ilustrarnos el origen de Julián Pérez y su saga. Pero en verdad son las únicas secuencias interesantes de toda la película y parecen directamente sacadas del cine de Leone —sobre todo aquella en la que los narcos malvados aparecen detrás del autobús, como una forma de homenaje a
Érase una vez en el Oeste—.
La premisa: Juan Pérez es un mexicano que se ha unido al ejército gringo y es secuestrado por un grupo insurgente en Irak. Su madre (Isela Vega) lo quiere de vuelta y, en un gesto que va en contra de sus deseos, le pide a su otro y detestado hijo, Julián Pérez, usar su poderío para encontrarlo y traerlo a sus brazos. Eso es todo y, la verdad, no se requiere más. De eso se trata la película.
La dirección es amateur, con puras tomas panorámicas, medium shots y close ups sin sentido. Me parece que esa es la gran falla del cine mexicano: ignorar por completo las razones del lenguaje. Por eso cualquier perro videoclipero como Iñárritu pasa por gran cineasta, porque al menos él sabe plagiarlo. Pero el director, cuyo nombre real sí es Beto Gómez, no sabe qué hacer con el material y termina entregando una película que luce bien pero no tiene nada detrás. Ni forma ni contenido. Y hay dinero, que conste.
Jaime Camil y Adal Ramones aparecen en esta cinta y, evidentemente, sus participaciones son lamentables. Sobre todo nuestro buen Adal, con su personaje estilo Tony Montana con todo y fuentecita "The World Is Yours". Aquí es donde nos damos cuenta de la poca capacidad histriónica que todos estos fulanos comparten. Sus personajes son parodias y ni a esas parodias pueden dotar de características distintivas. Completa carroña.
El diseño de producción es bueno, pero si el director no tiene idea de qué hacer con él lo convierte en un completo desperdicio de dinero. Tampoco es un festín de 'chingatumadreputos' ni 'misgoebosentucara' ni nada de eso. Kudos por evitar esas cosas.
Al final creo que le irá bien. México necesita una película en la que salgamos victoriosos y, aunque esta es totalmente olvidable y está filmada con el hígado en vez del cerebro, le dará a todos una dosis de humor que las audiencias que paguen boleto por algo llamado
Salvando al Soldado Pérez harán pasar por 'palomera'.