Awesomeality!

Mortal-kombat-prohibido-en-aus

Como mis padres me mantuvieron alejado de las consolas caseras durante toda mi niñez, mi vida transcurrió en las chispas —lugares que también tenían veto paterno—. Jamás fui de esos que pasaban todos los juegos. Pocas veces terminé juegos enteros, aunque entre los que sí dominé están Splatterhouse, Moonwalker (Máikol), Alien Vs. Predator noventero, NARC, Golden Axe y Pac–Man (:D). Pero como era un verdadero teto para los juegos de pelea, gasté una fortuna con la que probablemente me pude pagar un viaje a ver la Aurora Boreal o algo.

Mi adicción era total. Las Chispas, más que las farmacias, eran para mí lugar de coolness absoluto. La mayoría de los fines de semana me llevaba a mi hermano a ver la película de estreno, jugar maquinitas y tragar pizza como si la adolescencia fuera eterna. Así que mi encuentro con el primer Mortal Kombat es de esas anécdotas que recuerdo a la perfección:

Cursaba primero de prepa en la escuela Justo Sierra de Acueducto. Un bodriazo, sí. Mis pintas terminaban en recorridos de Asteroides, el arcade local, y el Coney Island de Plaza Lindavista. Aquel día decidí no entrar a la escuela sin que alguien me hiciera segunda. A veces me daba por pintarme solo. Fui a Plaza Lindavista a buscar cómics o algo y, claro, jugar Terminator 2 con sus metralletas, otro de esos juegos que jamás terminé. Le di otro recorrido al Coney Island y ahí estaba: Mortal Kombat. Sus monigotes digitalizados de inmediato me hicieron click. Únicamente me quedaba dinero para comer y regresar a mi casa —en la Nápoles, nada cerca—, pero tenía que averiguar de qué infiernos se trataba esa cosa. Así que cambié monedas por fichas y me dispuse a jugar. Pasé al primer monigote y me ganó Kano. Y eso ocurrió las cinco veces que intenté. La verdad me sentí owneado. "No nací para los de pelea".

Entonces llegaron unos cabroncitos a meterle fichas a la máquina y fue entonces cuando vi el primer Fatality. El de Kano, quien saca el corazón de su víctima. Me sentí acariciado por Tia Carrere o la mujer que haya sido mi fantasía sexual del momento. He ahí un juego que no le temía a la violencia gráfica. Además, las jetitas digitalizadas de Sonya, Raiden, Kano, Johnny Cage, Scorpion y todos los fulanos lo hacían parecer la cosa más indispensable de la década. Vino el segundo, con Baraka y Reptile como mis personajes favoritos, y términos como Fatality, Babality, Friendship, Smokin'! y Motaro Wins se hicieron parte de mi manera de hablar. Claro, seguro a todo mundo le parecía zurrante. Fui a ver la película a uno de los cines con mejor sonido de El Paso. El inicio me pareció emocionante y naco al mismo tiempo. Llevé a mi madre y ella no quedó muy contenta con la experiencia, describiéndola a mi papá como "una película en la que salen monstruos nada más porque sí".

Trilogy y Ultimate fueron los que más adicción me causaron. Envidiaba a los vaguitos que usaban a Scorpion como si comieran un helado. Llevaba a una exnovia a jugar saliendo de la escuela. Diario. A veces la dejaba en su casa y regresaba a jugar. Soñaba con Mortal Kombat. Creo que la nueva versión se ve emocionante y la traigo hypeadísima. El día es hoy…

Fight!


De la felicidad, el miedo y mi anticlimático sueño con el Anticristo

En mi primer libro, el personaje principal expresaba su felicidad de estar junto a la mujer amada con una frase que decía que cuando estaba con ella "se sentía como cuando Alvin Harper atrapó esa bomba de Troy Aikman en el cuarto cuarto del juego de campeonato de la Conferencia Nacional entre los Vaqueros de Dallas y los 49s de San Francisco". No recuerdo el momento exacto en el que saqué la frase de mi rasudoque, pero sí el momento, sentado en un sillón que ya no existe en la casa de mi madre en Arboledas, en el que Alvin Harper cachó ese pase y la posibilidad de que Dallas viajara al Super Bowl por primera vez en 14 años se materializara. Fue un momento emocionantísimo. Le puso un parámetro a la "felicidad", y ustedes entenderán por supuesto que la "felicidad" no está en un partido de futbol. Solo estoy tratando de poner un parámetro.

Ustedes pueden hacer el ejercicio. Quizá cuando se casen, o cuando obtengan un premio, o cuando terminen de pagar la hipoteca de una propiedad muy deseada, o cuando acaben la carrera universitaria, piensen "no me sentía desde tan feliz desde que vi a Radiohead tocar 'Fake Plastic Trees' en vivo", o quizá "no me sentía tan feliz desde que Trent Reznor ganó aquel Oscar". El parámetro pueden ser momentos tristes o emocionalmente adversos, como el miedo. Tener a tu hijo recién nacido en brazos es el parámetro perfecto para el miedo. Cuando lo ves piensas: se puede romper, se puede ahogar, se puede ir a dormir y nunca despertar. Tres años después solo piensas "deja de hacer ruido cabrón, es domingo y son las 6 de la mañana". Parámetros. Para el cansancio. El estrés. Los orgasmos.

No creo que sea algo inútil decir "no me sentía tan excitado desde el día previo al estreno de Matrix Revolutions". La perspectiva humana es bien limitada. Las distancias cósmicas, por ejemplo, rebasan nuestro entendimiento. Son chorrocientosmilcuatrizillones de algo. La pseudociencia pedorra de Star Trek y otras obras de ciencia ficción, para el caso, bajan a nivel cancha estas distancias y dimensiones. Como si viajar del otro lado de la galaxia fueran tan sencillo como tomar el pollero a Tepetongo.

Anoche soñé con el Anticristo, y me pareció un buen tipo. Era un guey normal, supernormal: de khakis Dockers y playera sin estampado. Parecía un vendedor de Blockbuster en su hora libre, fumándose un cigarro. No hablamos, pero el guey se veía buen pedo, insisto. Para ser el tipo que va a destruir a la Humanidad tal como la conocemos, se veía buen pedo. He soñado varias veces con figuras diabólicas y satánicas, y he tenido miedos pavorosos, en verdad. Como si todos mis prejuicios judeocristianos se acumularan en un sueño. Y ahora, el Anticristo, una emanación del mal. No sentí miedo. No pensé "no sentía tanto miedo desde que soñé con tu papá, el mismísimo Satanás en algún momento de los noventa". Me gustó moderar mis emociones. Aunque estés dormido, estás ahí. Incluso dormido puedes chantajear, ¿no? El objeto de tu chantaje son los protagonistas de tu sueño. Y creo que me porté bastante bien. No empecé a berrear "POR FAVOR NO ME HAGA DAÑO SEÑOR ANTICRISTOOOOO" ni nada. Quizá por eso lo vi como alguien normal, buen pedo. Sin poder.

Una vez, también por allá en los noventa, soñé con Tezcatlipoca o según yo en mi sueño era Tezcatlipoca. Era como una calaca viviente de 3 metros de altura con la franja amarilla en la cara y un bastón o espada en la mano. Bufaba y olía mal y yo estaba petrificado. Nos vimos a media calle, no pasaba ningún coche y se me quedaba mirando. Empezaba a sentir que me quemaba la piel con su mirada cuando desperté. Fue muy intenso. Cuando abres los ojos y te das cuenta que estás en tu cama entiendes que no es necesario permitirnos sentir tanto miedo, o para el caso, tanta felicidad. Ni muy arriba, ni muy abajo. Ni muy adentro, ni muy afuera.

Feliz viernes.