El Paikast #26: Edición de primavera
En este Paikast: ¡maquinitas!
¡Nos vemos en agosto, amiguis!
♥

En este Paikast: ¡maquinitas!
¡Nos vemos en agosto, amiguis!
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Como mis padres me mantuvieron alejado de las consolas caseras durante toda mi niñez, mi vida transcurrió en las chispas —lugares que también tenían veto paterno—. Jamás fui de esos que pasaban todos los juegos. Pocas veces terminé juegos enteros, aunque entre los que sí dominé están Splatterhouse, Moonwalker (Máikol), Alien Vs. Predator noventero, NARC, Golden Axe y Pac–Man (:D). Pero como era un verdadero teto para los juegos de pelea, gasté una fortuna con la que probablemente me pude pagar un viaje a ver la Aurora Boreal o algo.
Mi adicción era total. Las Chispas, más que las farmacias, eran para mí lugar de coolness absoluto. La mayoría de los fines de semana me llevaba a mi hermano a ver la película de estreno, jugar maquinitas y tragar pizza como si la adolescencia fuera eterna. Así que mi encuentro con el primer Mortal Kombat es de esas anécdotas que recuerdo a la perfección: Cursaba primero de prepa en la escuela Justo Sierra de Acueducto. Un bodriazo, sí. Mis pintas terminaban en recorridos de Asteroides, el arcade local, y el Coney Island de Plaza Lindavista. Aquel día decidí no entrar a la escuela sin que alguien me hiciera segunda. A veces me daba por pintarme solo. Fui a Plaza Lindavista a buscar cómics o algo y, claro, jugar Terminator 2 con sus metralletas, otro de esos juegos que jamás terminé. Le di otro recorrido al Coney Island y ahí estaba: Mortal Kombat. Sus monigotes digitalizados de inmediato me hicieron click. Únicamente me quedaba dinero para comer y regresar a mi casa —en la Nápoles, nada cerca—, pero tenía que averiguar de qué infiernos se trataba esa cosa. Así que cambié monedas por fichas y me dispuse a jugar. Pasé al primer monigote y me ganó Kano. Y eso ocurrió las cinco veces que intenté. La verdad me sentí owneado. "No nací para los de pelea". Entonces llegaron unos cabroncitos a meterle fichas a la máquina y fue entonces cuando vi el primer Fatality. El de Kano, quien saca el corazón de su víctima. Me sentí acariciado por Tia Carrere o la mujer que haya sido mi fantasía sexual del momento. He ahí un juego que no le temía a la violencia gráfica. Además, las jetitas digitalizadas de Sonya, Raiden, Kano, Johnny Cage, Scorpion y todos los fulanos lo hacían parecer la cosa más indispensable de la década. Vino el segundo, con Baraka y Reptile como mis personajes favoritos, y términos como Fatality, Babality, Friendship, Smokin'! y Motaro Wins se hicieron parte de mi manera de hablar. Claro, seguro a todo mundo le parecía zurrante. Fui a ver la película a uno de los cines con mejor sonido de El Paso. El inicio me pareció emocionante y naco al mismo tiempo. Llevé a mi madre y ella no quedó muy contenta con la experiencia, describiéndola a mi papá como "una película en la que salen monstruos nada más porque sí". Trilogy y Ultimate fueron los que más adicción me causaron. Envidiaba a los vaguitos que usaban a Scorpion como si comieran un helado. Llevaba a una exnovia a jugar saliendo de la escuela. Diario. A veces la dejaba en su casa y regresaba a jugar. Soñaba con Mortal Kombat. Creo que la nueva versión se ve emocionante y la traigo hypeadísima. El día es hoy… Fight!Y aquí está el refri de Cabri...
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