"Hombres en shorts detrás de un huevo". Es la descripción que muchos detractores del futbol emiten cuando les preguntan sobre su desaprobación.
Yo, desde mi infancia, he sentido que el fut me repele. No me gusta cómo se ve, cómo se escucha ni cómo se mueve. No me anima en absoluto. Definitivamente debe estar ligado a mi total falta de interés por cualquier tipo de deporte. Jamás quise inscribirme en americano, ni en balompié, ni en tenis. Nada. Karate era lo único que me interesaba, pero no por el espíritu de competencia. No es cuestión de filosofía, sino de ímpetu. Mi hermano heredó el gen deportista –mi padre sí le metía duro al deporte. Yo no.
Durante mi crecimiento pude ser testigo de fenómenos relacionados con el futbol que acrecentaban mi lejanía y la convirtieron en desprecio. Y no es necesario que les describa anécdotas, saben bien a lo que me refiero: la 'fanaticada' y sus peripecias/desgraciadeces.
Yo era ese ente antifut tan apasionado como los entes profut a la hora de mis comentarios antagónicos, hasta que conocí a una ex que era ultrapambolera. Mi ex es una personalidad totalmente alejada del estereotipo que tenía respecto a los pamboleros. Del mismo modo que sus amigos nada tenían que ver con el borrachín amedrentador que en jauría muta en una especie de Devastator imparable. No, ellos son tranquilos, se divierten, analizan y aman aquello que los mueve como a mí me inspiraba
Star Wars.
Un día, instalados frente a frente, ella y yo nos pusimos a discutir sobre lo pinche/increíble del futbol. "Ustedes, los fans de Star Wars, igual se pintan la cara y corren en manada a ver sus películas a las 12 de la noche", fue una de sus posturas. Y tiene razón. Yo he hecho esas ridiculeces y las sigo haciendo. Pero nunca me he agarrado a madrazos con nadie por mi total desacuerdo con las precuelas. El cine no genera ese nivel de pasión. No termina en tragedia de ese modo. Sin embargo, una cosa es cierta: las cosas no son malas o buenas por sí mismas. No es el arma lo que mata, sino el que la porta. Y el deporte, justo por su naturaleza competitiva, es capaz de envolver las frustraciones y fricciones de las masas al mismo nivel en que la religión lo consigue. En el caso del soccer no es porque sus fanáticos sean más idiotas que los del basquetbol, es porque reúne a más gente de diferentes lugares. Al menos en México no pasa lo mismo con el americano, eso será en Estados Unidos. Pero aquí es el soccer el que tiene más fans, el que nos representa más porque las ligas de futbol americano no tienen el impacto que en su país de orígen.
El futbol soccer es un deporte intenso e interesante. Exige demasiado de la gente que lo practica y son ellos en equipo quienes se transforman en los sueños y anhelos de aquellos individuos que los siguen. Cuando esos elementos son aplastados o enfrentados a los de un opositor, las cosas se pueden poner amargas. Es la naturaleza. Odiaría que alguien llegara a decirme que mi música es una mierda, pero si esa persona se convierte en muchas y mis bandas favoritas se enfrentaran a otras… Tal vez todo escalaría a la comunicación por medio de puñetazos. Una manera de liberar todo lo que traemos dentro.
Sí, me enferma que súbitamente el Mundial sea el eje que mueve todo. Al menos eso parece porque los medios se encargan de restregarlo en nuestras jetas cada .5 metros. Preferiría tener carteles con el rostro de ScarJo en todos lados, pero las cosas no funcionan así.
Todos hemos visto hombres machísimos quebrarse en lágrimas al ver a su equipo humillado. A veces me parece estúpido, pero es porque no hablo ese idioma, del mismo modo en que habrá quien no alcance a comprender cómo es posible que yo llore como teen frente a los JonAss Brothers con
Blade Runner.
El fut me repele todavía. Prometí a aquella ex acompañarla al estadio en un partido que ella quisiera. Nunca ocurrió porque no tomó la oferta, pero creo que no me habría quejado.