Hitler sigue siendo el parámetro internacional del mal. Las calamidades y el sufrimiento que provocó el pequeño Adolf continuarán en el expediente de la memoria colectiva de la humanidad un buen rato. Décadas. Siglos. Ayer, el director de cine Lars Von Trier, quien nunca fue particularmente gracioso pero de alguna manera logró pulloutear sus provocativas declaraciones, filmes y posturas cínicas ante la prensa, averiguó que podrá convertir a Cannes en su propia y privada ceremonia de Premios TVyNovelas, pero no burlarse del Holocausto. Después de ser banneado por los organizadores del festival, el tipo ya hasta salió a dar disculpas. Algo así como "no sé de dónde salió esa mierda". Y aunque personalmente la obra fílmica de Lars Von Trier me importa lo mismo que la obra fílmica de Sergio Ramos "El Comanche", me llama la atención cómo, de vuelta al tema original del post, Hitler permanece en solitario como el gran némesis de la humanidad. Ni la vaciladora serie de portadas de "baddies" eliminados por America The Beautiful de Time, que pretenden poner a Saddam y Osama a la misma altura de Hitler, capturan la sensación de poder histórico que la "maldad" del Führer proyecta sobre el mundo contemporáneo. Aún lo tiene. Adolf Hitler aún lo tiene.
(In robot voice) Sorry but you are totally wrong. Science does NOT need to disprove the existence of “God”. Science does not work by disproving things; science tries to prove, demonstrate and replicate phenomena. It is believers who should try to prove the existence of “God”, and so far no one has provided a single evidence of that. As to the “origin” of the Universe, you should read my books “A Brief History of Time” and “The Universe in a Nutshell” to understand my position on that matter better. Basically, the Universe DOES NOT NEED of God to explain it’s origin. By the way, when physicists claim that the universe came to be from “nothing”, it is not the same “nothingness” that we regular people conceive. What people call “void” is actually filled with quantum fields, from which we KNOW quantum particles originate. THAT is how “something” come to be out of “nothing”. Oh!, and Dr. William Lane Craig is nothing but a priest with a Diploma. In philosophy and theology, unsurpisingly.
Originalmente iba a ver a Wooka la Fan para llegar juntos al concierto de U2, pero por líos logísticos no pudimos hacerlo así es que llegué al Estadio Azteca con mi hermano y su familia. Ellos se fueron a otra zona, por lo que quedamos en "nos hablamos". Mis estúpidas expectativas sobre la estúpida posibilidad de que funcionara la estúpida red de Telcel resultaron una estúpida fantasía. No había 3G desde el estacionamiento del Coloseee de Santeee Ursuleee. Así es que entré por la rampa 4 a la cancha, me compré una cerveza, hallé una red Wi-Fi supuestamente gratis pero que no funcionaba tampoco porque supuse que otros 30 mil idiotas como yo estaban intentando entrar a ella y me hice a la idea de que iba a tener que ver aquel concierto de U2 solo e incomunicado. Como a la mitad de la presentación del abridor, Snow Patrol, me di una vuelta por la zonilla general –aún con luz del sol, y un poco de lluvia cayendo– y me encontré a Wooka la Gesticular con Plaqui the Plaq. Después del alegre saludo y con la coincidencia de habernos cruzado tan pronto y con tanta felicidad, dispuse a relajarme con el pensamiento de: "Vine solo, es decir, sin 'date' ni nada por el estilo, pero ya no estoy solo. Si me aplasta la multitud enardecida seguro Wooka la Generosa recuperará mis restos para darles cristiana sepultura".
Wooka la Spoilerosa traia el análisis completo del concierto: qué setlist era más probable, por qué esta era la "fecha de fans", la rolita en bocinas y luces prendidas con la que empezarían ("Space Oddity") y con la que cerrarían ("Rocket Man"), qué implicaciones tendría que tocaran "Out of Control" y no "I Will Follow". Yo soy persona de "I Will Follow", pero agradezco que no la hayan tocado porque el show sí resultó ser el fanpleaser que prometió Wooka la Ultrainformada. Además, el cabrón los había visto con el 360 en París. Ese guey sí que sabe lo suyo.
El concierto empezó flojón a mi gusto, o más bien no me emocionaron las primeras cinco rolas. Hasta "Until the End of the World" y la licencia sinatresca que se tomó Bono dije "ay guey, esto es real".
"Everbody having a good time. Except you: you were talking about the end of the world".
El escenario no me impresionó ni las imágenes en pantalla, todo lo que hace U2 desde Zoo TV me parece una variación de lo mismo, es como si ahora produjeran Zoo TV 4.0 o Zoo TV la Cuarta Temporada, whatever. De ahí en adelante, "Stand By Me", "Desire" y "Stay" me rompieron la madre. De "Stay" me causó una sensación extraña pensar que una canción que me decía tantas cosas en los noventa y que me resultaba tan avanzada y elevada y provocativa, ahora U2 la hubiera reducido a una versión unplugged en vivo.
"Faraway, so close. Up with the static, and the radio."
Con "Miss Sarajevo" les manejé la piel china, pero me empezó a causar cólico que en pantallas no se dijera nada de la situación de violencia en México y las muertas de Juárez, máxime porque la referencia era obvia. "Don't let them kill us" decían las chicas del concurso de belleza, amenazadas por las agresiones de los milicianos serbios. ¿Y aquí, en México? ¿Que U2 no debería estar diciendo algo ahí, en vivo? Me aliviané porque las pantallas se convirtieron en un panal (okey, eso sí me impresionó del escenario) y la banda tocó "Zooropa" en una versión acortada pero increíblemente chingona. Un puto sueño hecho realidad, debo decir.
"And I have no compass, and I have no map. And I have no reasons, no reasons to get back".
Lo que siguió fue muy intenso y muy cabrón. No recuerdo haber tenido esa emoción de fan en un concierto de U2, y este es mi quinto de ellos al que asisto. La verdad es que me quebré con el arzobispo Desmond Tutu en pantallas para el mensaje de la campaña ONE y la presentación de "Where the Streets Have no Name". Lloré como un bebé. Maaaal pedo.
El cierre con "Ultraviolet" fue brutal, Bono cantando con un micrófono a la Tron y esa lucecilla hasta arriba del escenario ("there is a light that never goes out", extrañamente recordé a Morrisey). Nunca pensé que la tocarían, a pesar de que Wooka la Abrasiva lo anunció.
"With or Without You": por lo que veo, solo la soporto en concierto.
Finalmente, Bono dio (por lo menos) un tímido mensaje coyuntural: nos recordó que la violencia en México no nos define. En México somos mejores que eso, sí.
Salimos entre la pelotera, Wooka la Plañidera, Plaqui the Plaq y yo caminamos sobre Tlalpan un buen rato hasta llegar al auto del Peludo, me dieron un aventón y dormí como un bendito. Hoy amanecí afónico y con dolor de pies. Pensé que fue una lástima no haber compartido la experiencia de anoche con alguien más; pero ya habrá otra oportunidad, en 2016 o algo así. Siempre hay otra oportunidad.
Esta es una historia basada en hechos reales: en búsqueda de un boleto para la segunda fecha de la gira Vertigo de U2 en el Estadio Azteca, el siempre cándido Chayo envía a La Fila Interminable a una especie de agente secreto, el no menos cándido Rogelio. Son las once de la mañana, y Chayo me llama al celular para preguntarme si voy a querer boletos de U2. Era 15 de diciembre. Un día antes, la turba enardecida había agotado 60 mil localidades en el tiempo récord de 3 horas con 45 minutos. Claro, pensé, y yo soy Tommy Lee Jones en muletas de goma. Aquel 14 de diciembre había intentado comunicarme (el muy idiota), a Ticket Master, pero parecía que todos los Fans From Hell del país se habían puesto de acuerdo para saturar las líneas. Así es que me quedé todo ardido. De todos modos le dije que sí a Chayo.
Ese fin de semana, escuché la historia del Thursday Bloody Friday que tuvo que pasar Rogelio para conseguir cuatro malditos boletos. Rogelio, igual que Chayo (y un servidor) es sateluco, así es que el objetivo primario es el Mix Up de Plaza Satélite, en Naucalpan. 11 de la mañana. A Rogelio le toca ser el compadre número 27 de La Fila Interminable –estamos hablando de las 11 de la mañana del día previo a la venta de boletos, del viernes 16 de diciembre. Los acompañantes inmediatos de Rogelio son pura gente fina: un fanboy veinteañero que le reza una novena diaria a The Edge, un pelotón de revendedores y una puberta que tiene que esperar a que su mami venga a pagar con la tarjeta de crédito. Luego de un rato, los elementos de seguridad del centro comercial les piden nada amablemente que se retiren del Mix Up y sus alrededores porque están armando tremenda pelotera. Son reubicados en el estacionamiento, y a la par corren los rumores: los miembros de La Otra Fila Interminable, la que está en el Liverpool, también han sido expulsados de la tienda departamental. Así pues, nuestros héroes –que ya suman un centenar– se organizan con una lista que Schindler habría envidiado. La regla de oro es que, en un macabro ejercicio fakir, cada dos horas van a gritar la mentada lista: el que no responda al tercer llamado, pierde su lugar.
Así pasan el resto del día, en el estacionamiento de Plaza Satélite. Chayo, el buen samaritano, se da sus vueltas para visitar a Rogelio y proveerle viandas. Un fulano que conduce un Mini se estaciona cerca de ellos y se aproxima a La Fila Interminable. Le pide al fanboy que le compre boletos. El fanboy se niega, no tanto por la presión de los miembros de La Fila Interminable, sino porque el del Mini es medio mamila. Acude, pues, a los revendedores y les pide que le saquen boletos. "¿Cuánto quieres?", le dice a uno, y el master de la reventa que, según la descripción de Rogelio, traía en su discman un álbum de Los Temerarios, responde: "No te alcanza, mano".
Cae la noche. Los elementos de seguridad vuelven a aparecer en La Fila Interminable. En efecto, no pueden permanecer adentro del centro comercial. Tienen que salir. Abandonan, pues, Plaza Satélite, y no sólo eso: cruzan al otro lado del periférico. El lugar elegido para pasar la noche es el antiguo túnel que conecta la oficina de correos de Satélite con el Vips que está frente a Sears. Para los no enterados, imaginen que este túnel pasa por debajo de los carriles norte y sur del periférico norte, y de noche es tan cómodo y está tan bien decorado como el lugar que Dante se encuentra en el Canto XIII de La divina comedia. Cada dos horas se canta la lista. Los de Liverpool se han quedado a dormir en un puente peatonal. Y sí: esa noche hizo mucho frío. Mucho.
Al otro día, los miembros de La Fila Interminable están hermanadísimos. Son como los de la Comunidad del Anillo. Son los Band of Brothers. Me imagino que una variación del Síndrome de Estocolmo los ha pillado. Muy temprano los dejan entrar de nuevo al estacionamiento. Una gorda que se comporta como un buitre trata de meterse en la fila. Los Band of Brothers no lo permiten. Se acerca la hora en que Mix Up abrirá sus puertas. Llegan los infames Zorros, disfrazados como Navy Seals, y la lista sigue inquebrantable. Abre Mix Up. Los pasan de cinco en cinco, celosamente cuidados por los Zorros. De nuevo, los rumores: ¡se acabaron los boletos de 850 pesos! Sólo quedan de dos mil. Mierda, el fanboy solo trae dinero para los primeros. Mami firma el baucher, el fanboy llora y suda frío y Rogelio compra nuestros cuatro boletos. Muchas gracias, Rogelio. Es usted cojonudo.
Por supuesto, el fanboy me recuerda a mí mismo, hace casi 20 años, comprando mi primer disco de vinil de U2 (el The Unforgettable Fire), curiosamente, en el Hot Disco de Plaza Satélite por 13 mil de aquellos pesos. Y también me hace remembrar la primera vez que vi a U2, en el sagrado Texas Stadium, durante la gira Zoo TV en el otoño de 1992.
¿Y el fanboy? Bueh, sí consiguió sus boletos. Es sólo que esa parte de la historia no se las voy a contar.
Felicidades, fanboy. Rock and roll stops the traffic.
(Publicado originalmente en la edición de febrero de 2006 de la revista Conozca Más para la columna mensual "Toque de queda" (2004-2009). Archivo histórico de la columna, en mi blog. Las fotos de este post corresponden al concierto de U2 en el Estadio Azteca, 15 de febrero de 2006. Y no: nunca revelaré qué hizo el fanboy para conseguir sus boletos.)