
Las películas sobre bandas de rock son un terreno difícil. Pueden convertirse en una especie de concierto filmado o un insoportable drama sobre lo malo que son las drogas. En el caso de The Runaways, es un poco de ambas. La directora es Flora Sigismondi, creadora del look oxidado e iconográfico de los videos de Marilyn Manson, imitados después por toda la generación alternativa. En un movimiento inesperado, Sigismondi elige un lenguaje sencillo, con tomas interesantes, pero sin demasiado artificio. La base es la autobiografía que Cherrie Currie, exvocalista de The Runaways, escribió en torno a su breve paso por el stardom rockero.
Como un instante de diversión para el aficionado a la música es bastante entretenida, por sus referencias a Iggy Pop, David Bowie y los Sex Pistols, además de la excelente atomósfera setentera que la producción consiguió. Los atuendos, los colores, la iluminación, los peinados; todo salido directamente de aquellos años que ahora parecen hasta tiernos, pero estaban cargados de una violencia generacional que MTV se ha encargado de deslavar con un empeño estúpido.La primera Predator la vi en VHS, nunca en cine. La segunda la vi en vez de The Godfather III y la amé por naca, pero no consigue la grandeza de la primera. Ahora que Robert Rodriguez produjo su propia película sobre el extraterrestre que caza por diversión, quiso respetar demasiado al fan de la original y, para mi gusto, no falló.
La primera Predator tiene algo que nunca más podrá ser imitado: nadie sabía de qué trataba. Parecía una película más de guerra de Schwarzenegger pero, al final, termina como una batalla por la supervivencia entre el hombre y una especie superior. El hombre rudo se enfrenta a algo todavía más fuerte y salvaje. El one ugly motherfucker que colecciona cráneos humanos.
Las siguientes películas caen en el gran bache de la repetición, y con eso me refiero a Predator 2 y Predators. Ambas son la primera pero con más efectos especiales. El factor sorpresa se desvanece y únicamente nos quedamos con un poco de gore y mucha estupidez. Sin embargo, es bastante divertido.
Es director es Nimród Antal, quien sabe bien lo suyo, como en la secuencia en la que los humanos caen por un acantilado hacia el agua y la cámara va detrás de ellos con un gran efecto de vértigo. Los efectos son baratos, las golpizas genéricas y los personajes übercliché. Sin embargo, funciona. ¿Por qué? Al hacer referencia constante a la cinta que comenzó todo.
Divertida es, aunque no rompe barreras ni merece un espacio en mi colección de DVDs.