Ch-ch-ch-cherry Bomb!
Las películas sobre bandas de rock son un terreno difícil. Pueden convertirse en una especie de concierto filmado o un insoportable drama sobre lo malo que son las drogas. En el caso de The Runaways, es un poco de ambas. La directora es Flora Sigismondi, creadora del look oxidado e iconográfico de los videos de Marilyn Manson, imitados después por toda la generación alternativa. En un movimiento inesperado, Sigismondi elige un lenguaje sencillo, con tomas interesantes, pero sin demasiado artificio. La base es la autobiografía que Cherrie Currie, exvocalista de The Runaways, escribió en torno a su breve paso por el stardom rockero.
Como un instante de diversión para el aficionado a la música es bastante entretenida, por sus referencias a Iggy Pop, David Bowie y los Sex Pistols, además de la excelente atomósfera setentera que la producción consiguió. Los atuendos, los colores, la iluminación, los peinados; todo salido directamente de aquellos años que ahora parecen hasta tiernos, pero estaban cargados de una violencia generacional que MTV se ha encargado de deslavar con un empeño estúpido.La máxima sorpresa nos llega por parte de Kristen Stewart en el papel de Joan Jett, guitarrista y compositora de la banda. Después de soportar la única mueca que le conocemos en las películas de Twilight, hay que admitir que es capaz de mucho más. Tal vez su convivencia directa con Joan Jett durante la filmación le permitió conocer diversos rangos y expresiones faciales. Dakota Fanning interpreta a Cherrie Currie, cantante, icono sexual y víctima del rock. Y después de escribir esto, debo hacer una pausa para confesar mi único problema con el material que Sigismondi entrega: esta es una cinta sobre el ascenso de Jett y el descenso simultáneo de Currie, más que un homenaje a la banda. La presencia de Lita Ford, principalmente, es abandonada –en parte porque la misma Lita solicitó que así fuera. El génesis de la primera grrrl band, su éxito y desintegración son los puntos clave de The Runaways, pero el enfoque está en Jett y Currie. Probablemente sea lo mejor, después de todo son ellas las que más brillaron durante el tiempo que el grupo tuvo éxito. Aunque, por otro lado, la excelente participación de Michael Shannon como Kim Fowley, el Malcom McLaren de esta historia, añade un resorte necesario para llevar el drama a zonas incómodas, graciosas e históricas –como los minutos dedicados a la creación de Cherry Bomb y la aceptación de Cherrie Currie como líder. Necesaria no es, pero cualquier adicto al rock sonreirá al verla.

