¿Qué nos gusta de las películas de vampiros? Eso de beber sangre. Ajá. El romanticismo. Ajá. La condena. Ajá. Los momentos en que utilizan un poder sobrehumano. Ajá. El explosivo erotismo. Ajá. La locura y la decadencia. Ajá. Las posibilidades que ofrece el saberse inmortal. Ajá.
Bueno, si todo eso nos fascina del subgénero de los vampiros, Thirst es una película completa, adicionada con hemoglobina y libido en exceso.
El director es Chan-Wook Park, creador de la mediofamosa OldBoy (yo pensé que era más famosa, pero mucha gente que conozco no la ha visto), parte de una trilogía que estudia los motivos, consecuencias y desviaciones de la venganza. Su estilo es siempre meticuloso. Chan-Wook no pretende ser artístico, su objetivo es conmover. El cinéfilo en busca de símbolos, sutileza e instantes de emoción contenida que explotan como los sabores combinados de un delicioso postre en el paladar tiene aquí a su paladín de ojo rasgado.
En
Thirst (
Sed de sangre hay un elemento que bien podría ser clichesoso y pendejísimo en manos de otro cabrón: un sacerdote se vuelve vampiro. Puedo imaginar mil situaciones estúpidas que en otra película habrían resultado hasta ofensivas por el mal manejo. Pero Chan-Wook se va por caminos poco recorridos. Su película de pronto es grotesca y muta en graciosa en cuestión de segundos para terminar con un golpe sexual que mantiene en silencio a la sala entera –excepto por los nerviosos incapaces de ver secuencias sexuales que realmente provocan.
El sacerdote en cuestión se somete a un experimento dudoso en pro de la salvación de vidas, y sale transformado. El único sobreviviente de 50 voluntarios. La gente lo considera santo y él no se siente feliz con ello. Una multitud de desesperados lo asedia en busca de sus milagros, y es así como conoce a una familia con la que había tenido contacto en su niñez. La madre dominante tras una oración para su hijo enfermo, y la distante hija adoptiva/esposa. Invitado a participar de las reuniones familiares, el cura siente una inmensa atracción por la esposa y pronto se encuentran en una relación tan animal que por lógica traerá consecuencias funestas para todos.
Hay que prestar atención a los detalles y la manera en la que Chan-Wook dice las cosas. Hace un paneo y un reflejo en el espejo explica todo lo que necesitamos saber. Ella corre descalza de noche y sus pies terminan callosos, lo que él no mira con desprecio a la hora de hacerle el amor. Cada imagen tiene un significado y ninguna escena está de más.
Desraciadamente la copia que vi ayer en Cinemex carece de los colores tan vivos que podrán apreciar en el DVD. Es una gran falla porque es parte de la increíble fotografía que caracteriza a las películas de este tipo. No podía dejar de pensar en ello, sobre todo en la última secuencia que es… Lo más emotivo ever.
Al final se quedarán con recuerdos de cosas que jamás habían visto en el cine de vampiros.