Lo que opino sobre leer libros
Necesito meterme en un serio régimen de lectura. Probablemente nunca vuelva a mis niveles noventeros (porque no tengo tiempo ni el "hambre" de esa época), pero sí podría hacer un esfuerzo por, no sé, procurar leer un libro al mes. Un libro al mes no es la gran cosa, lo sé. Pero así de mal están mis hábitos. El otro día tuve un momento de honestidad propia con la almohada: me dije a mí mismo que me había convertido en un paria que en los últimos cinco años había leído, a lo mucho, cinco libros. Durante esta década me jacté de mal lector, y no tanto por el gusto de la "jactancia", sino porque es algo real. Soy huevón para leer. Puedo tener un libro meses en un buró y no lo abro. Puaj. Quizá tiene que ver que he ocupado el tiempo de lectura en tiempo de escritura. Quizá tiene que ver que mi trabajo en las revistas ha cobrado una pequeña cuota en mis hábitos como lector, sobre todo en el periodo 2002-2008: tuve que leer tantas revistas que mandé por el cuerno a los libracos. Lo cual suena jodido y es jodido. No lo niego, hacer y leer una revista es un raro placer; se trata de un objeto excesivamente artificioso y que rara vez alcanza niveles interesantes de calidad. Combina texto sin la profundidad de un libro, gráficos sin la belleza y calidad de diversos símiles en las artes plásticas (que pueden ir de una pintura a una ilustración en un cómic), información sin la oportunidad noticiosa de un diario. Hace de todo y le pone poco empeño a nada. Por eso, leer una revista esperando "cultivarse" es como beber Viña Real creyendo que se está tomando un buen vino de mesa. Poniéndolo en los predecibles términos de la dieta informativa, soy un idiota desnutrido de letras. Alimento mi alma de cómics, videojuegos, películas, la web, mis amigos, la observación de la moda y el diseño. Parte de esto es lo que en "los medios" llamamos "contenido". Yo lo hago, ustedes lo hacen. Y si ejecutan un pequeño examen de conciencia, verán que a lo mejor le meten mucha harina blanca a su dieta (que sería el equivalente a ver el Canal 2 religiosamente todos los días), y poca proteína y fibra (quizá un buen libro de, no sé, casi cualquier cosa que agarren de Anagrama). En este sentido, este país está desnutrido en letras. Tristemente, en este sentido, yo estoy desnutrido en letras. Y no estoy hablando de ser "culto", no: toda la onda de ser cooltoh me remite a un anciano de barbas que almacena factoides inútiles en su rasudoque. Tampoco de estar "informado". No mucha gente dice esto (creo) porque parece un cliché o suena cursi o es aburrido, pero hay un humus muy particular que sólo se encuentra en los libros. Ese humus, insisto, sólo entra por las letras. Y letras en un libro, no en un blog ni en una revista ni en un diario. Sea en pasta dura o edición rústica, en copias fotostáticas o por el Kindle (¿o el iPhone? Estoy decidiendo si leer en un dispositivo móvil en verdad equivale a la lectura ex libris que se espera), mi alma necesita letras. Mi cerebro también. Estoy seguro (en un sentido poético) que adentro del cerebro se disparan procesos químicos muy diferentes y muy necesarios cuando entendemos y gozamos un libro. Libros benditos, libros hermosos. Larga vida a los libros. Allá voy de nuevo.




