Perros
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Mi perro (en foto) fue papá hoy: cuatro cachorros vivos de Scotish Terrier, el quinto nació muerto, valga la expresión. La mamá será mamá durante un par de meses hasta que desteten a los críos y los lleven con sus nuevos dueños. Espero que tengan vidas largas, felices y prósperas. En cuanto a la mamá, tengo la impresión de que será inmensamente feliz durante estas ocho semanas de maternidad; nada hace sentir más plena a una hembra, sea humana o no (que sea mamífera ayuda, claro), que gestar y cuidar a sus morros. O al menos eso supongo: no puedo siquiera empezar a imaginar la gigantesca y sobrecogedora experiencia de la maternidad, es algo que me ha sido vetado en esta vida.
En cuanto al papá, mi perro, nos preguntábamos en casa si él intuiría remotamente que ya es padre de cuatro cachorros. Yo creo que no. No sólo porque, por muy ridículos que seamos y le digamos de mil y un formas que ya es papá, no entiende nada, sino porque no le importa un pepino. Él lo que quería era consumar el acto reproductivo: montar a la hembra, eyacular adentro de la hembra, hacerle honor al milenario deber de los de su especie, a saber, perpetuarse y perpetuarse y perpetuarse. Mi perro no quiere ser papá: no le interesa, no lo necesita. Le podemos poner a uno de sus hijos enfrente y estoy seguro que no le dará más emoción que oler a uno de los de su clase y ya. Un hueso de carnaza o una de esas bolsitas de carne aguada de Pedigree le provocarán mayor atención y gusto que conocer a sus hijos. Y yo pensé en lo parecidos que somos los varones humanos y los varones caninos, así como las damas humanas y las damas caninas. Nos separa la evolución y la complejidad del sistema nervioso central, pero la cosa funciona simple. La hembra es madre en ambos casos: es amorosa y tierna y protectora y proveedora. El macho, en cambio, tiene claro que a quien debe proteger es a la hembra, no al crío. Cuando llegue el momento y si tiene la oportunidad, aprovechará para montarla y eyacular adentro de ella una vez más. Y no le dará importancia al resultado de ese acto del mismo modo que a muchos hombres no les importa si la mujer con la que acaban de coger quiere un beso o un abrazo o unas palabras lindas. Del otro lado de la cama, el orgasmo femenino es un hecho misterioso que requiere malabares, instantes precisos, concentración, cuidado, cariño. Es un pedacito de magia, o eso me gusta pensar. Por eso es más fácil para una mujer dárselo ella misma que recibirlo de un hombre. ¿Y el orgasmo masculino? Un burdo lanzamiento de semen, claro. Igual que el de los perros. Pienso que el sexo está sobrevaluado. Lo único que importa es la conexión.
Amo a los perros. Soy un hombre de perros, no de gatos.
