Saber es una maldición
Fan, fan, fan de Germán Dehesa no soy. Llegué a verlo en televisión porque mis papás lo ponían. Me parecía agradable y sus textos algunas veces me hacían reír. No soy fan. Pero, por una razón que no consigo dilucidar, me hirió mucho saber que se había ido. Y entonces usé el puto Google. Y entonces encontré el texto que escribió cuando los médicos le hicieron saber que no pasaría de 2010. "Vas y les pagas a los docs para que te digan que te vas a morir y te den una fecha aproximada", pensé. Se me hizo una reflexión horrible.
Saber que tienes una enfermedad es una cosa, pero que te digan cuándo te irás es otra. Estoy seguro de que no me gustaría tener esa información. De ser así, mis días serían absolutamente miserables. No me trago aquello de 'vive este día como si fuera el último', mucho menos cuando sé cuál será mi último día –o tengo un aproximado–.
Es porque estamos demasiado acostumbrados a nuestro día a día. Nos despertamos y estamos vivos. Caminamos, reímos, lloramos, ponemos un DVD, jugamos Halo, escuchamos música y nos saca lágrimas o nos hace querer bailar. ¿Por qué querríamos saber cuándo vamos a dejar de hacer todo eso? Es muy probable que nos vayamos sin darnos cuenta de que nos estamos yendo. Pagarle a un equipo de caralargas para que nos digan cuándo acabará la diversión es mal negocio. No, gracias. Yo no pago por esa mercancía. Pero Germán Dehesa lo enfrentó con un texto lleno de cojones. Con ese rostro pasivo que tenía, y su sonrisa discreta y su cadencia positiva al escribir dijo: "Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar". Y a mí me dolió esa línea.
Es porque estamos demasiado acostumbrados a nuestro día a día. Nos despertamos y estamos vivos. Caminamos, reímos, lloramos, ponemos un DVD, jugamos Halo, escuchamos música y nos saca lágrimas o nos hace querer bailar. ¿Por qué querríamos saber cuándo vamos a dejar de hacer todo eso? Es muy probable que nos vayamos sin darnos cuenta de que nos estamos yendo. Pagarle a un equipo de caralargas para que nos digan cuándo acabará la diversión es mal negocio. No, gracias. Yo no pago por esa mercancía. Pero Germán Dehesa lo enfrentó con un texto lleno de cojones. Con ese rostro pasivo que tenía, y su sonrisa discreta y su cadencia positiva al escribir dijo: "Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar". Y a mí me dolió esa línea.
También me gusta estar en la vida y él era un gran tipo, la merecía. No lo conocí en persona. Tal vez mi padre que se lleva con toda esa gente. Pero siempre le tuve un gran aprecio. Y sí vamos a extrañar que su nombre, una referencia constante en los medios y, mejor aún, una presencia que nos hacía reír, reflexionar, acompañar los sorbos de café o el viaje en el Metrobús, deje de aparecer frente a nuevos textos.
Para mí no es David Gilmour ni Steven Spielberg ni Debbie Harry. Pero sé que hemos perdido algo importante y mucho mejor que otras cosas que se han quedado. El texto que dejó sobre el conocimiento de su destino me ha movido demasiado. Espero tener ese coraje si llego a estar en sus zapatos. :(
Para mí no es David Gilmour ni Steven Spielberg ni Debbie Harry. Pero sé que hemos perdido algo importante y mucho mejor que otras cosas que se han quedado. El texto que dejó sobre el conocimiento de su destino me ha movido demasiado. Espero tener ese coraje si llego a estar en sus zapatos. :(
