Como que la gentecilla anda sacada de onda, ¿no? Hace casi un año estábamos en el ácido porque la inesperada crisis de la influenza nos llevó a imaginar escenarios postapocalípticos donde los virusultrasecretosdesarrolladosporelgobiernogringo acababan con la vida en la Tierra tal como la conocemos. Pero la amenaza zombi + la gran pandemia global es tan 2009. Lo de hoy es plantear el fin de la humanidad por medio de un viejo conocido: el Gran Terremoto Que Todo Lo Destruye. Aunque este no es un post de "¿dónde estabas tú en el temblor del 85?", es inevitable evocar ese momento para los que lo vivimos (yo estaba orinando, por ejemplo). O pensar en el ominoso signo de que, justo en este 2010 se tragedias sísmicas, se cumplen 25 años del terremoto del DF. Y además, claro, toda nuestra paranoia apunta a que se aproxima el año 2012, que ya es famoso por Emmerich y los mayas. Ah, esos locos mayas tenían un tino cabrón...
Yo creo que los temblores son como una gran ironía de la naturaleza: el trabajo de un movimiento telúrico es sacar todo de balance. Por supuesto, los científicos nos dicen que es un reacomodo, una sacudida para volver al orden natural. El temblor representa el desequilibrio violento por excelencia. Mientras más tiempo lleve su sacudida y más fuerte sea ésta, más gente muere y más sufrimos todos. Vidas que cambian en segundos. Economías que cambian en segundos. Los servicios noticiosos enloquecen y los egos gigantescos reverdecen en Twitter (qué tal la gentecita que tuiteaba "HEY, YO YA DONÉ DINEROU PARA HAITÍ WEY!"). Un temblor es un recordatorio de que la vida –y lean lo siguiente al ritmo de un chasquido de dedos– se nos puede ir en segundos. Lo de Haití fue dantesco. Lo de Chile, angustioso. No por la cantidad de víctimas o daños –que no fue, por suerte, de proporciones homéricas–, sino por su magnitud. La NASA
ha dicho que es probable que el terremoto en Chile haya acortado el tiempo que dura en rotar la Tierra sobre su propio eje, es decir, la duración de los días... y esto amerita un gigantesco WHAT THE FUCK????. De ahí la pregunta: ¿qué chingados está pasando? Nuestros padres le echaban la culpa a las pruebas de armamento nuclear, ¿nosotros a qué? ¿Al calentamiento global? ¿A una conspiración masiva de los creadores del "Amero"? ¿O de plano sólo podemos señalar a los pinches mayas? El milenarismo nos pegó en 1999 –y vaya que en 1999 yo fiesteé como si fuera 1999–, pero nos está dando durísimo ahora. No somos diferentes a los hombres del año 1000, temerosos de las plagas y el Juicio Final. Nosotros somos ellos, diría Borges. No hay diferencia entre una invasión a Marte o la invasión a Polonia de 1939. No hay diferencia entre el hombrecillo contemporáneo asustado opdeiteando su status en Facebook por el terremoto en Chile y el hombrecillo medieval observando a sus amigos y familiares pudriéndose por culpa de la
peste bubónica.
La foto que ilustra este post es de la película 2012, por si se lo preguntaban.