
No odio conducir. Simplemente, a diferencia de lo que opina el resto de la sociedad, me parece incómodo. :O
Realmente no he necesitado un auto para vivir. Me gusta mucho caminar, me encuentro en una colonia que tiene la mayoría de los servicios que requiero al alcance de mis pasos y, principalmente, evito esas situaciones que los conductores menosprecian en comparación con las ventajas de colocarse en el asiento del piloto. Para mí no es así. Por ejemplo:1. Llegar tarde a la película/cita/obra de teatro/oficina por no encontrar sitio para estacionarse.David Fincher es el responsable de llevar un estilo áspero del diseño al cine y con un éxito de tal magnitud, que cientos de directores comenzaron a imitarlo. La película que lo inauguró como el líder de esa estética fue Se7en. En aquella historia policiaca, Fincher consiguió transferir sentimientos de claustrofobia, pestilencia, desesperanza, incredulidad y podedumbre al espectador con una fotografía bella pero descuidada y una atmósfera lluviosa, sucia y gris.
Con esa carta bajo la manga, era evidente que la adaptación gringa de la serie de novelas Millenium le quedaría como anillo al dedo. No fue así.Su The Girl With The Dragon Tattoo es un espectáculo estético perfecto. Desde la brutal secuencia de créditos iniciales amenizada por Trent Reznor y Karen O, hasta la toma del corazón destrozado al final —no es spoiler realmente—. Cada imagen es perfecta y se nota producida con una dedicación casi enferma —como aquella en la que la cámara aérea sigue al tren en medio de una tormenta de nieve—. Esa es su falla. La única, claro. Porque las actuaciones son perfectas, las locaciones hermosas, la cinefotografía una delicia, el soundtrack no se monta sobre lo que vemos, más bien lo complementa…Mi problema es que la Lisbeth Salander de Rooney Mara, a diferencia de la de Noomi Rapace —¿de dónde salen esos nombres?—, parece invencible. Este es un personaje descrito en las novelas (que yo no he leído, pero los fans me han platicado) como una especie de tomboy adolescente. Salander tiene cuerpo de niño teen —que Rapace sí tiene—, pero la Salander de Mara es a) hermosa y b) dentro de su extrema delgadez, muestra un cuerpo muy femenino que Fincher aprovecha para retratar con lujuria cada vez que la secuencia lo demanda. La ropa de Lisbeth Salander versión Fincher también parece salida de una versión Goth de Mango, y su obsesión con Mac raya en el anuncio minimalista que la marca nos ha enjaretado hasta el cansancio.Danel Craig también aporta una presencia casi invencible, a pesar de que su personaje en realidad es más vulnerable. Él lo hace muy bien, pero no podemos quitarnos de la cabeza a James Bond, y durante la extensión de la película esperamos que explote y destruya a sus antagonistas con las manos, sin sufrir un rasguño. La producción es tan impecable que resta credibilidad. Al menos a mi manera de ver.También, las secuencias más violentas de la primer novela —todos saben de qué hablo, espero—, son retratadas sin el peso sórdido de la versión sueca, mucho menos comprometida con la moral. Fincher ha conseguido una reinterpretación que funciona más como eye candy que como una historia de drama e intriga. A mi parecer es una falla, pero no deja de ser entretenida.El viejo parque del Candelero, hogar de los 49ers y de incontables batallas de postemporada, "cuántos recuerdos, mi Lic." Antes de Bill Walsh, los Niners eran como el trapeador de la vieja NFL. Destaca un quarterback, Y.A. Tittle, inmortalizado por esta icónica fotografía. Y ya. De ahí en fuera, San Francisco destacaba más por ser una de las ciudades más bellas y encantadoras del mundo. La romántica Bahía, el Golden Gate, I left my heart in San Francisco. Un buen día, sin embargo, llegó Bill Walsh al equipo, y trajo a un talentoso quarterback de Notre Dame de nombre Joe Montana. A mediados de los noventa, los Niners eran una de las franquicias más exitosas del futbol americano, con 5 Super Bowls en la bolsa y un montón de conversos a la causa, presumiblemente gente que vivió intensamente los ochenta y se aficionó por la NFL cuando Montana amontonaba récords. Y cómo no. Recuerdo perfectamente bien "The Catch", oh sí, yo estuve ahí frente a mi televisor (el partido se transmitió en Canal 13), a mis tiernos ocho años o algo así: Niners vs los Cowboys en el Parque del Candelero, Dwight Clark vs Everson Walls, el imposible pase, la imposible recepción… pataleé y lloré, me acuerdo tan bien. Terminó el partido y no solo eso, con el cambio de década los Cowboys le habían cedido el control de la Nacional a los Niners, una nueva dinastía en ciernes, claro. Pero yo qué iba a saber. Solo recuerdo que comenzó El Show de los Muppets y ya.